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Carlos Galdós: Todos en el Perú somos picones
Presentará su nuevo stand up comedy del 11 al 13 de junio en el Círculo Militar de Jesús María
Lima, jun. 01 (ANDINA).- Mientras prepara el octavo unipersonal de su carrera, Nadie me quita lo bailado, el showman y locutor Carlos Galdos se anima lanzarse calato a las preguntas de Variedades
Te has hecho fama de hombre que habla bien de su suegra…
-En todo caso, será que mi suegra se ha hecho esa fama conmigo. Cuando me preguntan por mi suegra, respondo sobre la pregunta, no es que deliberadamente hable de mi suegra.
Esta de moda que figuras de la farándula limeña escriban libros, ¿te animas?
-Me lo propusieron, pero no. Hay personas que lo hacen y les va muy bien. Lo mío es otra cosa: estoy en lo de mis shows, en la radio, en mi casa (que ya es bastante tiempo).
Aparte de los diarios, que son herramientas para tu chamba en la radio, ¿eres muy aficionado a la lectura?
-Los diarios son como el agua, son necesarios tu par de litros al día, ¿no? Me engancho con algunos libros que me provoca leer… Durante este último tiempo he estado leyendo a montones sobre crianza.
¿Se te hace complicado criar a una hija (de tres años de edad)?
-No. No es tan complicado. Hay que perderle el miedo al asunto. Creo que se complica cuando dejas de monitorear a los chicos. Y siempre es necesario documentarse en todo.
¿Inclusive te documentas para tus unipersonales?
-Ahí me documento de mis emociones. Para cada show he buscado cosas que me pasan, cuento historias que me han ocurrido, por eso el del año pasado fue “Yo amo a mi suegra”.
¿Cómo nació tu nuevo show, por ejemplo?
-Me comenzó a llamar la atención muchas cosas de mi hija y su entorno. La llevo a cumpleaños y es inevitable decir “en mi época era de tal manera”. ¡Uau!, hoy en las fiestas infantiles les ponen 3,000 muñecos, 4,000 inflables, pintacaras… ¡Son como la Feria del Hogar en una fiesta!
¿Y cómo era en tu época?
-Era canchita, chizitos, una torta, gelatina, unos caramelos S.O.S., munición, una buena piñata, discos y muchos chicos corriendo por la casa. Si tus padres eran realmente millonarios, tenías a Yola Polastri en tu casa. Pero hoy el estándar es este común muñeco inflable, un “Timoteo” bamba… A partir de eso mi cerebro comienza a trabajar y comencé a buscar cómo era todo en mi época.
¿Tú crees que la gente que fue niño o adolescente en los ochenta, es la que hoy dirige el país?
-Quienes tenemos treinta y pico no estamos manejando las cosas, estamos tomando la batuta en algunos rubros. Claro, pero de hecho hay gente treintona que está haciendo lo suyo.
Tú por ejemplo eres un líder de opinión…
-Claro, hay una empatía porque cuento lo vivido y ya está…
La gente de los ochenta no se lleva con la de los noventa.
-La verdad, a mí me va y me viene. En música, me gusta de todo. La radio como todo medio de comunicación está diseñada para alagar al público, y a mí lo que me preocupa de la radio es comunicar lo que yo piense. Y mientras no choquen conmigo en ese aspecto, soy feliz.
¿Pero te gustaría volver con un programa en TV diario?
-Yo soy picón, todos en el Perú lo somos. Pero cuando te picas en la televisión, te estás picando con la gente. Pero con qué derecho puedes obligarlos a ver un programa. La televisión no es una necesidad, es una cosa rara, como el Orinoco, que tú no sabes ni yo tampoco. Tan fácil como eso.
¿Y podrías actuar en el cine?
-Nunca me lo han propuesto y quiero que no me lo hagan. Hacer unipersonales y actuar en películas son diametralmente opuestas.
En tus primeros shows le dabas mucho al tema de la identidad. ¿Crees que este boom gastronómico nos ha integrado más?
-Es un granito de arena. Mal no nos hace que haya cada vez más restaurantes que preparen todo en base a aguaimanto, o que haya una culinaria peruana que destaca en el mundo entero. Es bueno. Pero de ahí a hacer un tema país, que integre y que en Huancavelica haya menos pobres, eso es un ácido.
A casi todos los comunicadores con éxito los tientan para hacerse políticos. ¿Has tenido estas ofertas?
-Nunca. Y ojalá que no me llamen para ponerme en ese papel tan ridículo.
Has presentado tus unipersonales en Lima Norte y en el Satchmo, ¿hay un mejor público?
-El público se llama Perú. No se llama Miraflores, Independencia, Magdalena, Breña. Y como todos mis espectáculos, es un show-espejo, y la gente va a verse, porque lo que me pasa a mí les pasa a los otros.
¿Y qué sientes al final de cada show?
-Es inenarrable. Yo no concibo salir al escenario y no entregarme. La sensación de terminar un show es como si te tiraras desnudo a una piscina porque lo diste todo.
¿Es lo más cercano a la felicidad, al orgasmo?
-No, son cosas completamente distintas. El orgasmo es como cuando descorchas una botella, y la felicidad también tienes este momento generado por algo que ocurrió. Para mí es maravilloso estar en el escenario, lo mejor que me ha ocurrido es hacer reír a la gente.
¿Los peruanos necesitamos reír mucho?
-Todos necesitamos reír. Hay como un efecto sanador. A mí me parece una bendición tener este trabajo, ver a la gente contenta es buenísimo.
(FIN) Variedades